miércoles, 27 de octubre de 2010


Alguna vez he llegado a reflexionar acerca de los imposibles que se suspenden por el aire y aterrizan en nuestro pensamiento a modo de aviones, hechos de papel. Todavía, permanece esa cuestión en la punta de mi lengua que se escapa si me levanto sonriendo.

Es cuestión de tiempo decidir lo que me deje respirar, acostumbrarme a mis manías o simplemente saber caminar con los ojos cerrados, sin mirar, como hacía antes, antes de todo.
Hay un cúmulo de curiosidades que impiden actos impulsivos que cohiben mi presencia.
Hierve mi espíritu si toco el cielo con las pestañas, si ilumino la noche con sonrisas o si huele a vida en los alrededores.
Es un ridículo sinsentido transitorio, los meses de octubre no son siempre los más agradecidos.


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